viernes, 4 de agosto de 2017

Unidad 2 Sesión 4 Actividad 2

Estudio en Escarlata.

 En esta novela escrita por Arthur Conan Doyle se relatan las memorias de John H. Watson, referentes a cómo conoció al famosísimo Sherlock Holmes y cómo este personaje resuelve el caso llamado “Estudio en Escarlata” en colaboración con los detectives de Scotland Yard, el detective Gregson y el detective Lestrand. El caso se trata de un presunto asesinato que se llevó a cabo en el número tres de Lauriston Gardens. 

La victima de nombre Enoch J. Drebber proveniente de Cleveland un hombre de cuarenta y tres o cuarenta cuatro años, de talla mediana, ancho de hombros, de rizado e hirsuto pelo negro, y barba corta y áspera quien yacía en el comedor víctima de un envenenamiento. 

El detective Sherlock Holmes es convocado por el detective Gregson para que ayude a manera de sus posibilidades, a la resolución de dicho caso, ya que se encuentran en un callejón sin salida y sin pistas que seguir. Entonces Sherlock Holmes acude de inmediato a la escena del crimen acompañado de Watson en un carro de caballos.

Unas 100 yardas antes de llegar Sherlock decide bajar del carro y seguir a pie lo que quedaba de camino teniendo así la oportunidad de examinar el terreno cercano a la entrada de la propiedad donde se suscitó el delito, encontrado así un primer indicio, eran huellas de un carruaje de alquiler, caracterizado por usar ruedas más angostas en comparación con las de un cabriole particularmente de uso de los caballeros en Londres, era de cuatro ruedas y tiraba de él un caballo que tenía tres cascos viejos y uno nuevo, y ya que el detective Gregson y Lestrand no habían llegado a la escena del crimen en carruaje estas huellas debían pertenecer muy probablemente a el autor de dicho crimen. Una vez llegando a la casa cruzo un jardín el cual tenía un sendero de suelo arcilloso en el cual se habían quedado marcadas las huellas de un pesado policía y las huellas de dos hombres más. Se dio cuenta de que las segundas eran más tempranas que las primeras debido a que las huellas dejadas por el policía llegaban a cubrir casi en su totalidad las de los otros dos hombres obteniendo así un segundo indicio que era la participación de dos hombres en dicha escena, de los cales uno era de una estatura más que notable, conclusión a la cual llego al calcular la distancia que había entre las pisadas.

Una vez dentro de la casa y observando el cadáver logro identificar que de las huellas dejadas por el par de hombres en el sendero del jardín unas pertenecían a la víctima confirmando así la veracidad de su segundo indicio. Al acercarse al cadáver nota en este una expresión de agitación, casi de terror indicando así que la víctima era consciente de su pronto final, ya que en comparación con las personas que mueren a causa de un paro cardiaco o por alguna otra causa natural no esbozan esa expresión facial. Nota también la ausencia de heridas en el cuerpo de la víctima y procede a acercar su nariz a los labios del cadáver como parte de su minuciosa examinación, consiguiendo detectar el aroma a acre característico de las sustancias venenosas, llegando así a otro indicio, la víctima había sido obligada a ingerir el veneno. Tomando en cuenta que la víctima contaba con todas sus pertenencias se excluye la opción de que el asesinato había sido consecuencia de un asalto. Al preguntarse por el motivo del asesinato comienza a pensar en que, debido a la gran cantidad de indicios dejados por el asesino y la manera tan calmada y detallada de sus actos correspondía a un acto de venganza, acto seguido el detective Gregson encuentra en una de las paredes, oculto en la oscuridad de un rincón la palabra escrita con sangre, perteneciente seguramente a el asesino ya que como descubrió en su indicio anterior, no había rastro alguno de heridas en el cuerpo de la víctima dejando en claro a quien pertenecía la sangre, esto confirmaría sus sospechas de que se trataba de un acto de venganza.

Al mover el cuerpo para disponerlo a la morgue de este cae un anillo de compromiso, que por el tamaño y la forma era perteneciente a una mujer la cual muy probablemente era la inspiración de dicho acto de venganza. Teniendo este dato en cuanta Sherlock Holmes pregunta a el detective Gregson si en el telegrama enviado a Cleveland para pedir información que pudiera ser de utilidad se inquiría también, por todo aquello relacionado con la vida y obra del ahora difunto señor Drebber contestándole este que no.

Ahora procede a examinar detenidamente el resto de la habitación con el uso de una gran lupa y una cinta métrica con lo que logra estimar por medio del tamaño de las huellas de las zancadas dejadas por el asesino la estatura aproximada del asesino que era de un metro ochenta centímetros. También se toma su tiempo para examinar un fino polvo de color grisáceo, que era madamas y nada menos que ceniza, dejada por el cigarro de la marca Trichinopoli del criminal llegando a esta conclusión gracias a estudios previos realizados por Sherlock Holmes sobre las características de la ceniza dejada por cada marca de cigarrillos en particular. 

En seguida se da cuenta de que, debido a la ausencia de señales de resistencia por parte de la víctima, las marcas de sangre que circundaban al cadáver no de podían proceder sino de las narices del asesino, debido a que este era presa de una gran excitación, haciendo coincidir así el rastro de sangre con las huellas dejadas. 

Tras abandonar la casa Sherlock Holmes se dispone a enviar un telegrama a Cleveland, con el solo propósito de solicitar cuantos detalles fueran disponibles sobre el matrimonio de el señor Enoch Drebber. Obteniendo una respuesta concluyente, Drebber ya había solicitado con anterioridad protección de la ley contra un viejo rival amoroso de nombre Jefferson Hope, quien en su momento se encontraba en Europa. Develando así la parte más importante del misterioso caso. 

Con las pistas reunidas llego a la conclusión de que el conductor del carruaje que dejo las huellas frente a la casa donde se suscitó el crimen y el hombre que acompaño a Drebber al interior de la casa eran la misma persona. Por último, para llevar a cabo la tarea de rastrear de una manera eficiente a su rival amoroso, para Jefferson Hope el oficio de cochero era más que adecuado, por lo que también quedaba claro que, era de altas probabilidades que, siendo un hombre precedente de otro país, no conocido por nadie, no precisaría de abandonar su lugar de residencia tan prontamente, así que seguramente Jefferson Hope aún seguía trabajando como cochero en la misma localidad. Sherlock Holmes se dio a la tarea de elaborar una búsqueda de bajo perfil usando su cuadrilla de informantes vagabundos, preguntando estas en cada estación de coches preguntando por un cochero de nombre Jefferson Hope. 

Una vez encontrando al hombre que buscaba este fue convocado como parte de su trabajo como cochero a la dirección de la casa de Sherlock Holmes. El astuto Sherlock por su parte de una manera muy ingeniosa se las arregla para engañar al cochero pidiéndole ayuda para sostener su maleta y tan pronto este acerco sus manos a la maleta, en un rápido movimiento este logra ponerle unas esposas al cochero poniéndolo así a disposición de Scotland Yard en donde confiesa sus crímenes, sus métodos y sus motivos que lo impulsaron a cometer dichos crímenes. 

Las diferencias que existen entre los métodos de investigación empleados por Sherlock Holmes y los detectives de Scotland Yard es que Sherlock Holmes por su parte utiliza el razonamiento analítico, además de su habilidad de razonar inversamente. Así como sus amplios conocimientos en diversas ramas de las ciencias como por ejemplo la anatomía, la química analítica, medicina, entre otras. 

Como lo menciona el mismo Sherlock Holmes, casi todos pueden hacer suposiciones acertadas sobre lo que puede pasar, tomando en cuenta hechos ya acontecidos, para así poder llegar a una conclusión, puesto que todos cuentan con un nivel de inteligencia que se los permite, pero pocos son los individuos que al contar con la conclusión puedan dar marcha atrás en cuenta de los hechos que propiciaron dicha conclusión a esto le llama “La virtud deductiva de razonar hacia atrás”

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