En esta novela escrita por Arthur Conan Doyle se relatan las memorias de John H. Watson, referentes a cómo conoció al famosísimo Sherlock Holmes y cómo este personaje resuelve el caso llamado “Estudio en Escarlata” en colaboración con los detectives de Scotland Yard, el detective Gregson y el detective Lestrand. El caso se trata de un presunto asesinato que se llevó a cabo en el número tres de Lauriston Gardens.
La victima de nombre Enoch J. Drebber proveniente de Cleveland un hombre de cuarenta y tres o cuarenta cuatro años, de talla mediana, ancho de hombros, de rizado e hirsuto pelo negro, y barba corta y áspera quien yacía en el comedor víctima de un envenenamiento.
El detective Sherlock Holmes es convocado por el detective Gregson para que ayude a manera de sus posibilidades, a la resolución de dicho caso, ya que se encuentran en un callejón sin salida y sin pistas que seguir. Entonces Sherlock Holmes acude de inmediato a la escena del crimen acompañado de Watson en un carro de caballos.
Unas 100 yardas antes de llegar Sherlock decide bajar del carro y seguir a pie lo que quedaba de camino teniendo así la oportunidad de examinar el terreno cercano a la entrada de la propiedad donde se suscitó el delito, encontrado así un primer indicio, eran huellas de un carruaje de alquiler, caracterizado por usar ruedas más angostas en comparación con las de un cabriole particularmente de uso de los caballeros en Londres, era de cuatro ruedas y tiraba de él un caballo que tenía tres cascos viejos y uno nuevo, y ya que el detective Gregson y Lestrand no habían llegado a la escena del crimen en carruaje estas huellas debían pertenecer muy probablemente a el autor de dicho crimen. Una vez llegando a la casa cruzo un jardín el cual tenía un sendero de suelo arcilloso en el cual se habían quedado marcadas las huellas de un pesado policía y las huellas de dos hombres más. Se dio cuenta de que las segundas eran más tempranas que las primeras debido a que las huellas dejadas por el policía llegaban a cubrir casi en su totalidad las de los otros dos hombres obteniendo así un segundo indicio que era la participación de dos hombres en dicha escena, de los cales uno era de una estatura más que notable, conclusión a la cual llego al calcular la distancia que había entre las pisadas.
Una vez dentro de la casa y observando el cadáver logro identificar que de las huellas dejadas por el par de hombres en el sendero del jardín unas pertenecían a la víctima confirmando así la veracidad de su segundo indicio. Al acercarse al cadáver nota en este una expresión de agitación, casi de terror indicando así que la víctima era consciente de su pronto final, ya que en comparación con las personas que mueren a causa de un paro cardiaco o por alguna otra causa natural no esbozan esa expresión facial. Nota también la ausencia de heridas en el cuerpo de la víctima y procede a acercar su nariz a los labios del cadáver como parte de su minuciosa examinación, consiguiendo detectar el aroma a acre característico de las sustancias venenosas, llegando así a otro indicio, la víctima había sido obligada a ingerir el veneno. Tomando en cuenta que la víctima contaba con todas sus pertenencias se excluye la opción de que el asesinato había sido consecuencia de un asalto. Al preguntarse por el motivo del asesinato comienza a pensar en que, debido a la gran cantidad de indicios dejados por el asesino y la manera tan calmada y detallada de sus actos correspondía a un acto de venganza, acto seguido el detective Gregson encuentra en una de las paredes, oculto en la oscuridad de un rincón la palabra
No hay comentarios:
Publicar un comentario